En GGT se parte de una mirada muy clara: feminista, queer y ética. ¿Qué te impulsó a construir un espacio creativo con esa identidad tan definida desde el principio?
Yo soy una persona queer y feminista y nunca encontré, ni como referencia ni en mi experiencia laboral, estudios en Barcelona que trabajaran desde ahí de forma abierta. Así que, en vez de esperar a que existiera ese espacio, decidí crearlo yo. Cuando decidí empezar GGT tuve muy claro que quería crear un referente queer dentro del ámbito del diseño y ser un espacio seguro para gente del colectivo, aportando nuestros valores en todo lo que hacemos: desde el equipo y los clientes hasta los proyectos y resultados. Vienes de una generación de diseñadoras que no solo crean imágenes, sino también contextos y comunidades. ¿Qué papel crees que tiene hoy el diseño dentro de los movimientos sociales y culturales? Vivimos en una era donde la estética va por delante del mensaje o concepto. El diseño funciona muchas veces como un estímulo rápido y digital que tiene que captar la atención antes de poder comunicar contenido. Por eso, en cuanto a las estéticas ligadas a movimientos sociales y culturales, creo que muchas no están siendo pioneras y necesitan actualizarse para conseguir conectar con los códigos actuales.





